Acompañando la Crianza: iniciando intervenciones en el marco de “maternidades impuestas y ejercidas en soledad”

Acompañando la Crianza: iniciando intervenciones en el marco de “maternidades impuestas y ejercidas en soledad”

La invención del instinto maternal y de las funciones asignadas a las mujeres, reducidas a las esferas reproductivas y domésticas, ha sido analizada por especialistas en historia, que sitúan en los inicios de la Modernidad la imposición de estos discursos, a la vez que desmitifican las visiones esencialistas y abordan la construcción moderna de la maternidad (Badinter, 1991). En la progresiva mitificación de la maternidad, los discursos ilustrados del siglo XVIII muestran la paradoja entre reformar el orden social y normalizar la maternidad a través de persuadir a las mujeres a volver a la naturaleza (Bolufer, 1992, citado por Moreno Seco y Mira Abad, 2005). En línea similar, el concepto de amor maternal surge a mediados del siglo XVIII y se desarrolla gradualmente al establecer la exaltación del mismo como un eje fundamental de la maternidad. En la definición de maternidad queda reflejada la contradicción entre naturaleza y cultura: el modelo de feminidad es, por un lado, reflejo de designios naturales, pero, por otro lado, es resultado de un aprendizaje exhaustivo de valores, actitudes y técnicas. Con este y otros enfoques, el proyecto moderno se asienta sobre el sometimiento de las mujeres a partir de su reclusión en el ámbito privado, mientras se deja al hombre el ejercicio de los derechos de la ciudadanía “…mi marido tiene amigos, va a la cancha dos o tres veces por semana, yo en cambio estoy en casa y cuando salgo tengo que hacerlo con los chicos…”

El ideal de madre construido socialmente es reforzado desde la industria cultural y, sobre todo, desde la publicidad, la cual refuerza permanentemente la idea de que la maternidad es un hecho importante y cúlmine en el proyecto de vida de las mujeres, transversalmente.

Estas prácticas, aun con la revolución feminista y todas las deconstrucciones que poco a poco se van llevando adelante por la comunidad siguen fuertemente instaladas y se siguen reproduciendo de manera natural, especialmente en aquellos sectores vulnerables.

En este sentido en la provincia de Misiones y en Posadas en particular, en los barrios populares las mujeres en general, ocupan un lugar sumamente rígido donde están al cuidado de sus familias, de las tareas domésticas y en muchos casos también en contribuir en la economía del hogar. Son, en definitiva, resultado de un sistema Patriarcal que atraviesa fuertemente en nuestras vidas creando estereotipos y roles.  Muchas suelen sentirse sofocadas respecto a la sobrecarga que se les imponen por el hecho de ser mujer, del rol que se les impuso e impone aún hoy, cuando en realidad las tareas del cuidado y demás cuestiones vinculadas con la conformación de una pareja o familia conlleva un “nosotros”.

En este contexto se plantean las actividades del Proyecto Comunidad de Crianza, que invita a compartir la crianza en comunidad, identificando y fortaleciendo las corresponsabilidades tanto al interior de la familia, como en la comunidad misma. En este sentido se considera importante tener en cuenta sus propias voces “…Yo nunca había participado de una reunión así, nunca me invitaron a una merienda…”  “…me gustó mucho el encuentro…” “…la próxima nos podemos reunir en mi casa…” “…es importante hablar de lo que nos pasa…”.

También otras como “…no voy a poder ir a la reunión porque tengo que llevar a los chicos a la escuela…” “…podés venir a visitarme cuando está mi marido…”

El modelo maternal es tan rígido que, explica la académica, las mujeres que trabajan, tanto dentro como fuera de la casa, cargan con una culpa permanente y gigantesca en relación con las hijas e hijos. Los cuestionamientos personales van desde ¿por qué trabajo tanto? hasta ¿por qué no tengo la capacidad de entregar tiempo de calidad? Esta situación se traduce en una sensación de culpabilidad por no poder estar presente como ellas quisieran, pero también como se les impone que deben estarlo.

La experta señala que muchas mujeres no resisten la culpa y que deciden dejar de trabajar para poder atender las necesidades. Es como “si pensar en el propio desarrollo y la realización estuviera prohibido”. (Ojeda J. 2021)

Muchas de estas mujeres se sienten agobiadas con la tarea impuesta del cuidado y sobrecarga con dichos como “estoy todo el día con los niños y en cuanto me siento a descansar o recrearme llega mi marido y me regaña porque no hago nada”, o la responsabilidad del cuidado exclusivo a ellas por ser más idóneas, “…siempre que tengo que salir llevo a mi niño conmigo, mi marido en cambio no lo hace entonces prefiero quedarme a cargo. También recalcar que en muchos casos se sienten muy solas y no cuentan con alguna otra persona para la crianza “se que nadie lo va a cuidar como yo”, “la verdad no puedo contar con nadie de mi familia, solo están para criticar”.

Estas prácticas poco a poco deben de-construirse, compartir responsabilidades propiciando prácticas de crianza de manera compartidas, no solo al interior de las familias sino en las comunidades.

Estas mujeres, madres, amas de casas, militantes, trabajadoras, amigas, vecinas, forman parte del proyecto y es en este contexto que se inician las intervenciones acompañando maternidades impuestas y ejercidas en soledad, propiciando la re-activación de redes de apoyo, espacios de encuentro y por qué no de re-encuentros y descubrimiento de debilidades, pero fundamentalmente de fortalezas compartidas y posibles de ser potenciadas y compartidas en comunidad… ¿nuestras actividades en el marco del proyecto ¿constituyen el inicio de un proceso de deconstrucción, de reconstrucción y cambios a mediano/largo plazo? Apostamos a que así sea.

 

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